La Badessa Maria Caterina Operti de Cervasca

El nombre de La Badessa ("La Abadesa") llega de un personaje que existió realmente en el siglo pasado, Maria Caterina Operti de Cervasca. El descubrimiento de su extraordinaria historia se relaciona al hallazgo de su diario y del retrato de la Abadesa, desde los cuales empezó la busqueda de hechos y casos históricos. Ella nació el 22 de junio de 1801 en el antiguo marquesado de Saluzzo. Su padre, el noble Guglielmo, emparentado con Silvestro, Abade de Altacomba y directo descendiente del Marqués Lodovico II de Saluzzo, destinó su última descendiente Maria Caterina a la vida monástica, para qué no se gastara su patrimonio entre los nueves hijos. Maria Costanza toma el velo a los dieciocho años en el convento de Riffredo con el nombre de sor Costanza.

Gracias a sus nobles orígenes, después unos años fue trasladada al monasterio de la SS.Annunziata de Saluzzo, en previsión de la inminente despedida de la Madre Superiora, ya anciana y enferma. La muerte de la anciana Abadesa llegó desde luego unos meses más tarde y dió a sor Costanza la posibilidad de llegar a ser...LA BADESSA.

En torno al 1831, durante los conflictos por los motos mazinianos, ocurrió el encuentro entre Madre Costanza y un soldado cuyo nobre se ignora. Este fue acudido con otros heridos en el monasterio y, de este encuentro, nació un grande amor. La insana pasión indució la religiosa a abandonar el monasterio para seguir al soldado. Durante mucho tiempo ella aceptó el encargo de cocinera para quedarse al lado del soldado. Pasaron unos años frenéticos, entre tabernas y vivaques, entre batallas y aventuras hasta la muerte del amado, por consecuencia de una epidemia. Luego se fue a Torino, donde encontró un empleo en las cocinas de la Corte de los Savoias, celando por años su verdadera identidad.

A lo largo de unos años maduró experiencias importantes en la rafinada cocina de Corte, elevandose en su papel hasta llegar a ser cocinera personal de la Reína Maria Teresa De Asburgo, esposa de Vittorio Emanuele I, Rey de Sardegna; y fue la Reína misma, después de haber descubierto sus nobles orígenes, quien la convenció y la ayudó a regresar al monasterio para volver a ser Abadesa, con el perdón y la bendición de la Iglesia. En los años siguientes, durante la vejez, la Abadesa llegó a ser famosa por la exquisíta acojída en el monasterio hacía los Nobles y los altos Prelados que ahí llegaban para la oración y los ejercicios espirituales, aprobechando su cocina de perfeción única, fruto de su pasado vivido en la semplicidad de un vivaque y la cocina del Rey.